{"id":205,"date":"2024-04-01T07:41:01","date_gmt":"2024-04-01T07:41:01","guid":{"rendered":"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/retratistica-de-tudor\/"},"modified":"2024-04-01T07:41:01","modified_gmt":"2024-04-01T07:41:01","slug":"retratistica-de-tudor","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/retratistica-de-tudor\/","title":{"rendered":"Retrat\u00edstica de Tudor"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-col\">\n<div id=\"content\">\n<article class=\"post-863 post type-post status-publish format-standard hentry category-bellas-artes category-no-1-2-2013 tag-hector-martinez-sanz tag-tudor-serbanescu category-119-id category-148-id full-content meta-position-left-pullout fix\" id=\"post-863\">\n<header class=\"post-header title-container fix\">\n<div class=\"title\">\n<h1 class=\"posttitle\"><a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/retratistica-de-tudor\/\" class=\"entry-title\" rel=\"bookmark\" title=\"Retrat\u00edstica de Tudor\">Retrat\u00edstica de Tudor<\/a><\/h1>\n<\/div>\n<div class=\"date\"><span class=\"month\">Apr<\/span> <span class=\"day\">07<\/span><span class=\"year\">2013<\/span><\/div>\n<\/header>\n<p> <span class=\"post-format-icon\">&nbsp;<\/span><span class=\"updated\" title=\"2013-04-07T17:01:38+00:00\">&nbsp;<\/span><\/p>\n<div class=\"entry-container fix\">\n<div class=\"entry fix\">\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"right\">por <b>H\u00e9ctor Mart\u00ednez Sanz<\/b><\/p>\n<div style=\"width: 548px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"Retrato de Alex Belemuski por Tudor Serbanescu\" src=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/files\/2013\/04\/retrato-alex-belemuski-w-747.jpg\" width=\"538\" height=\"324\"\/><\/p>\n<p class=\"wp-caption-text\">Retrato de Alex Belemuski por Tudor Serbanescu<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Siempre es un placer que mis palabras sean un leal escudero de este particular Don Quijote que es Tudor. Y digo Don Quijote con conocimiento de causa: siempre lo ver\u00e1n ustedes acompa\u00f1ado de su unicornio roc\u00edn blanco, ll\u00e1mese Rocinante o Clavile\u00f1o, inventando realidades que los dem\u00e1s no vemos. Realidades que si no fuera por \u00e9l, nos perder\u00edamos. Yo soy ese Sancho \u201cPanza\u201d que camina junto a \u00e9l, sobre un burro a la altura de las ijadas de su montura, y que se maravilla de lo que le ense\u00f1an. Si Don Quijote cumpli\u00f3 con hacer de Sancho gobernador de una \u00ednsula, paralelamente Tudor cumpli\u00f3 haci\u00e9ndome a m\u00ed Unicornio hace tiempo, a imagen y semejanza del unicornio que en sus cuadros cabalga.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">No desbarro mucho en la cita literaria, pues la exposici\u00f3n de las dos series de pintura \u201cCuentos Tradicionales\u201d  y \u201cRetratos de Espacio Niram\u201d, se titula \u201cTudor 1001\u201d, resonancia de aquella bella Scherezade tambi\u00e9n inventando y relatando cuentos varios al sult\u00e1n. De alg\u00fan modo, nosotros, sultanes modernos, abandonamos la crueldad rutinaria (aunque no vamos cortando cabezas) y prestamos o\u00eddo a los cuentos art\u00edsticos que se nos narran en esta exposici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Aqu\u00ed, en el Centro Cultural \u00c1gata, pueden ustedes contemplar uno de los ejemplares de unicornio que guarda en su on\u00edrica caballeriza. Pueden o\u00edrlo relinchar al viento. Dicen los que saben, que cuando un caballo relincha pretende hacerse presente, indicar d\u00f3nde est\u00e1 para que lo sepamos, saludarnos y llamarnos porque se siente en soledad. Pero esto es porque el caballo en estado salvaje es animal de manada. Sin embargo, el unicornio es un animal solitario, que acaso s\u00f3lo se deja ver, tocar y acompa\u00f1ar por los seres puros e inocentes. Esta pureza es la que lo asoci\u00f3 a las v\u00edrgenes y a convertir al prodigioso animal en s\u00edmbolo de la virginidad. De ah\u00ed que en Tudor, el unicornio se represente siempre montado por la muchacha virgen y desnuda. La desnudez de la mujer y la blancura del animal son met\u00e1foras que corren paralelas y que en este caso llevan a su fusi\u00f3n indisoluble en la pintura. El relincho del unicornio y la fundici\u00f3n de la mujer con el animal son, en conjunto, un reclamo a esa pureza e inocencia del ser, a la buena voluntad y la limpieza de coraz\u00f3n y conciencia. El unicornio nos llama, y responder a su llamada no es otra cosa que purificarnos.<\/p>\n<div style=\"width: 347px\" class=\"wp-caption aligncenter\">\n<p class=\"wp-caption-text\">Retrato de Antonio Porpetta por Tudor Serbanescu<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Bajo el caballo, la moneda de euro sobre el suelo ajedrezado parece ser el motivo de su llamada. Recordemos primeramente que el ajedrezado serv\u00eda para dotar de profundidad y amplitud a la pintura, as\u00ed como para dirigir la atenci\u00f3n del espectador. Tambi\u00e9n que se recarga de cierto contenido aleg\u00f3rico, como espacio dual blanco-negro, y como lugar de batalla y juego de la inteligencia. As\u00ed mismo, debemos advertir dos cosas fundamentales: la primera, que el caballo y la dama son dos piezas cr\u00edticas del ajedrez, cuyos siguientes movimientos, en mi opini\u00f3n, suelen ser los m\u00e1s complicados de ver o predecir; la segunda, que nuestro unicornio-mujer blanco s\u00f3lo pisa las baldosas blancas. De hecho, la alternancia de color entre blanco y negro se ve alterada para que as\u00ed sea. Por \u00faltimo, debemos percibir que el ajedrez no ocupa toda la extensi\u00f3n del suelo, sino que hay tierra y cielo m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l, y que en su mismo centro, la moneda de euro reposa sobre los colores primarios rojo y azul. \u00c9stos son una llamada a la peque\u00f1a figura que a nuestra izquierda, luciendo los mismos tonos rojos, azules y blancos, evoca la figura femenina de infantas o meninas velazquianas (tan reinterpretadas por Picasso, Dal\u00ed, Sorolla, Hamilton etc.), surgida en fases sucesivas desde la bidimensionalidad del plano hasta el volumen transparente y la s\u00f3lida figura. Est\u00e1tica, sin rostro, descentrada, sobre blanco y negro continuamente, resulta inquietante y contradictoria con las l\u00edneas del suelo ajedrezado y el orden del resto del cuadro. De inmediato nos lleva a relacionar arte y comercio por la simetr\u00eda de color entre menina y moneda de euro.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Los mismos elementos nos abren la puerta y nos trasladan a la retrat\u00edstica de Tudor. As\u00ed, en el retrato de \u201cAlvaro Lobato\u201d, donde volvemos a percibir esa huella on\u00edrica. Tanto figura como elementos se encuentran suspendidos en el aire, se elevan sobre el suelo en una suerte de trascendencia. Adem\u00e1s de remitirnos a esta pintura por estar ligada a la anterior mediante el ajedrez y el eco del caballo maravilloso, de nuevo como pieza solitaria sobre el tablero, cuyo movimiento est\u00e1 sugerido siguiendo las reglas del juego con un cambio de color sobre la siguiente casilla, observamos el busto de Alvaro Lobato, director de las Galer\u00edas de Arte Contempor\u00e1neo MAC de Lisboa, disueltas las l\u00edneas de modo que se nos sugiera un orbe, el mismo que en equilibrio se sostiene sobre su hombro derecho y sirve a la simetr\u00eda diagonal del cuadro. Este retrato, como el resto, no es por encargo, es un homenaje y en \u00e9l Tudor ha obrado con la libertad y la genialidad que le caracterizan. Ha formado un conjunto interpretativo en el que se canta al arte y a la inteligencia, en la que nuestro caballo avanza hacia el protagonista con decisi\u00f3n siguiendo el imaginario alineamiento diagonal. Alvaro Lobato est\u00e1 pintado con mirada l\u00facida y visionaria, no nos interroga sino que contempla, y apenas percibimos en su transparencia las lentes que porta. \u00c9stas s\u00f3lo se sugieren en la forma alrededor del ojo, pues interesa al pintor m\u00e1s la pupila del galerista.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">El canto al arte desde la posici\u00f3n on\u00edrica continua en los siguientes tres retratos. El complejo aleg\u00f3rico que conforman los tres en Tudor, me sugieren una cierta tendencia del modernismo po\u00e9tico al aunar poes\u00eda, pintura y m\u00fasica como las tres grandes disciplinas art\u00edsticas. As\u00ed, al menos, puede verse en los poemas de Rub\u00e9n Dar\u00edo, en los que musicalidad y ritmo marcado se a\u00fanan al incesante cromatismo con que colorea la palabra po\u00e9tica. Por esto, por una raz\u00f3n tan literaria y subjetiva, los trato como complejo unitario, al que cabr\u00eda a\u00f1adir esa mujer-escorpi\u00f3n, por razones que veremos.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">En el primero tenemos a alguien perfectamente reconocible para el p\u00fablico, por estar hoy ante ustedes. Hablo del retrato de Rita Martorell, quien se deshace en hilos de pintura frente a nosotros. Tudor la representa as\u00ed,  como objeto art\u00edstico, hecha de la materia pict\u00f3rica, de color y trazos frescos que se escurren por la tela. Usa Tudor contrastes de tonos claros para el fondo, el cabello y la piel, y oscuros para la ropa, dotando de un efecto de volumen a la figura contra el fondo. Otro dato a tener en cuenta es percibir c\u00f3mo Tudor enmarca el rostro con la melena difuminada, mientras que trabaja, perfila y detalla las facciones de la cara, cejas, l\u00ednea de ojo, sonrisa y dientes. Ha prestado y quiere que prestemos mayor atenci\u00f3n al rostro sonriente de la artista, raz\u00f3n por la que hay mayor detenimiento en la ejecuci\u00f3n. Igualmente, el colgante que engalana a la figura refleja ese detallismo y su intencionalidad manifiesta. Llamativo es que Tudor haya incluido como elemento la graf\u00eda, el nombre de la artista a su espalda en una perpetua recurrencia, a modo de eco impreso en el fondo.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Similarmente se nos presenta el retrato de un amigo com\u00fan, el poeta Antonio Porpetta. En este caso se sugiere la forma del poeta en la ca\u00edda desde el margen superior de gotas de pintura azul que delinean la figura y resbalan sobre su busto, semejando r\u00edos y afluentes, los mismos r\u00edos a los que se refiriera nuestro amigo poeta en 2002 en Belgrado, con acento cr\u00edtico:<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\"><i>Quiero decir que amo los r\u00edos (\u201cnuestra vidas son los r\u00edos que van a dar a la mar, que es el morir&#8230;\u201d, dijo el poeta espa\u00f1ol Jorge Manrique, en el siglo XV), con su imagen fugaz y permanente a la vez, con sus largos viajes a trav\u00e9s de paisajes y fronteras, con el bullicio de su vida interior, con su limpio canto de libertad<\/i><i><\/i><\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\"><i>Y que nadie tiene derecho, nadie, a convertir esos r\u00edos en estampa del horror y de la destrucci\u00f3n, a llenar sus cauces de puentes derruidos, de barcos naufragados, sus orillas de miradas llenas de asombro y desaliento.<\/i><\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Obs\u00e9rvese lo que para m\u00ed distingue sutilmente ambas pinturas: No es como antes, que la protagonista estaba modelada de la propia materia pict\u00f3rica, sino que en este caso el arte envuelve, dibuja e inspira al escritor. Se trata de una pintura m\u00e1s clara, con matices de luz sobre la cabeza, y en la que volvemos a encontrar ese esfuerzo en el detalle facial y la importancia asignada a la mirada detr\u00e1s de las gafas y su transparencia. Porpetta emerge ante nosotros por detr\u00e1s de la tela, como si hubi\u00e9semos limpiado el vaho sobre un cristal. Es un efecto opuesto a la pintura de Rita Martorell, no se superpone al fondo, sino que pareciera haber sido descubierto en el interior de la tela.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">En ambos casos, a diferencia del retrato de Alvaro Lobato, cuya pose era contemplativa, generalizadora del mundo del arte, Rita Martorell y Antonio Porpetta nos miran directamente a nosotros, espectadores, con un dejo de alegr\u00eda vital y claras se\u00f1ales de normal humanidad, sin aureolas que los alejen de la finitud que nos aqueja al resto.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">El cuarto retrato de las artes es el dedicado a la m\u00fasica en la figura del pianista Alexandru Belemuski. En este caso lo crucial no es la mirada, sino el o\u00eddo. Tudor propone al m\u00fasico de perfil, centrando nuestra atenci\u00f3n en el \u00f3rgano sensorial del sonido. D\u00e9monos cuenta de c\u00f3mo al hacer esto, los cristales de las lentes son m\u00e1s perceptibles cruzados por la luz, obligando al pintor a representar con destreza reflejos que antes no hab\u00eda en Alvaro Lobato o en Antonio Porpetta. Aqu\u00ed, la figura del pianista asume rasgos simb\u00f3licos con esa mirada al punto vac\u00edo, su prolongaci\u00f3n hacia un infinito que se nos hurta. El pianista no aparece aislado, sino como un elemento m\u00e1s en conjugaci\u00f3n con el pentagrama que, cual cinta de Moebius, se retuerce tan suave como imposible, con largas curvas que sugieren en su movimiento esa armoniosa melod\u00eda que nace de la caja del piano, cuya llave es la metamorfoseada clave de sol, ese sonido por el que danza la peque\u00f1a figura aparentemente sostenido como un funambulista sobre el pent\u00e1grama, y que se extiende envolviendo al m\u00fasico mismo en trance. El degradado de atr\u00e1s crea dos planos de realidad: por un lado el espacio de creaci\u00f3n, por otro la puerta sobre fondo oscuro; un contraste sustentado tambi\u00e9n sobre el teclado dividido en un espacio en sombra y otro en luz, y la obvia dualidad entre teclas blancas y negras.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">En esta hilaz\u00f3n de pinturas, llegamos desde la m\u00fasica a la mujer-escorpi\u00f3n. Antes he mencionado que habr\u00eda de formar parte del conjunto de las artes y aqu\u00ed viene el porqu\u00e9. Hay en ella un gui\u00f1o al campo de la fotograf\u00eda y de Man Ray, del surrealismo y del cubismo, a trav\u00e9s del cual nos retrotraemos hasta el que es considerado primer pintor moderno: Ingres, su peculiar ba\u00f1ista y su a\u00fan m\u00e1s peculiar viol\u00edn. En este solo cuadro est\u00e1 resuelto un conocimiento hondo de las artes por parte de Tudor.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">En primer lugar, la elecci\u00f3n del motivo: el desnudo femenino de espaldas no es marginal en la historia del arte (Vel\u00e1zquez, Manet, Dal\u00ed, Diego Ribera\u2026 y claro est\u00e1, Ingres). En segundo lugar, Man Ray, quien basado en la reiterada ba\u00f1ista de espaldas de Ingres, realiza una de sus obras fotogr\u00e1ficas m\u00e1s conocidas: El viol\u00edn de Ingres. Imagino que ustedes sabr\u00e1n que Ingres, junto a pincel, paleta y caballete, se fue a Toulouse a estudiar dibujo con su viol\u00edn bajo el brazo, que siempre estuvo m\u00e1s orgulloso de c\u00f3mo interpretaba con el viol\u00edn que de la propia pintura por la que es conocido, y que lo don\u00f3 en su muerte al actual Museo Ingres junto a todos sus b\u00e1rtulos art\u00edsticos. En tercer lugar, el hecho de que los instrumentos de cuerda fueron uno de los principales objetos empleados por los artistas cubistas, lo que da carta de naturaleza a esa suave abstracci\u00f3n geom\u00e9trica que Tudor practica en el cuerpo de la mujer y la tela que la enmarca. Cuarto, la propia interpretaci\u00f3n de la espalda de la mujer como espacio pict\u00f3rico a trav\u00e9s del tatuaje. Y al final, ese particular juego que Tudor se trae entre lo bidimensional y el volumen, como alegato evolutivo de la pintura, y que ya hemos mencionado a ra\u00edz de la primera obra que comentamos con la singular menina. Vemos como cola y aguij\u00f3n del escorpi\u00f3n emanan del tatuaje en dos dimensiones y arrojan su sombra gracias a la luz sobre el propio tatuaje, ganando su tercera dimensi\u00f3n. Y una vez m\u00e1s observamos la dualidad en contraste blanco\/negro por entre la cual, sombras y luces hacen de las suyas.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Dos \u00faltimos retratos quedan, aunque no por ello menos importantes. Al contrario, probablemente sean para el pintor los de mayor valor, no digo art\u00edstico, que tambi\u00e9n, sino emocional. Para nosotros lo son de igual forma. En ellos est\u00e1 la \u201cmejor obra\u201d en palabras del pintor, su hija Irina; nosotros damos con nuestra personal Scherezade.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">De perfil, envuelta en un brillante y colorido pa\u00f1uelo, cuyos pliegues van reflejando la luz de la pintura de forma l\u00edrica, damos con el rostro puro y de grandes ojos de la protagonista. La tonalidad c\u00e1lida del rojo es la predominante, normalmente asociado a la intensidad de la emoci\u00f3n, y es precisamente la que rodea el rostro de la hija. En segundo plano, los tonos de azules claros, m\u00e1s relajados, para fondo y cuerpo, equilibrando el cromatismo. La combinaci\u00f3n de color nos devuelve a nuestra primera pintura, como colores preferentes, aunque no \u00fanicos, para la paleta de Tudor. Debe llamar nuestra atenci\u00f3n, en comparativa con el resto, que, tanto en \u00e9sta como en la segunda dedicada a Irina, la figura de la mujer ocupa la mayor parte del cuadro, de margen a margen, tra\u00edda al frente por el pintor, lo que subraya a\u00fan m\u00e1s la relevancia vital de la retratada para el artista. Es de destacar la diferente direccionalidad, la primera desde un eje vertical y la segunda en eje diagonal sugiriendo movimiento, con el rostro en el plano central y donde el tono rojo vuelve a privilegiarse en dimensi\u00f3n junto al rostro de Irina desde el abanico abierto que sujeta con la mano diestra.<\/p>\n<p class=\"bch4dcbow065stdpy\">Y, en fin, ante este espect\u00e1culo estamos nosotros, despertando una vez que hemos descubierto el rostro de Scherezade y hemos desmontado de Clavile\u00f1o, una vez que hemos recorrido los escenarios de ensue\u00f1o y homenaje a las artes que Tudor nos ha ofrecido en ocho obras que, espero, aprecien con el mismo entusiasmo con que servidor las contempla.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"meta-pullout meta-left-pullout\">\n<ul>\n<li class=\"fix\"><span class=\"category\"><span class=\"icon\">&nbsp;<\/span> <a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/category\/bellas-artes\/\" rel=\"category tag\">Bellas Artes<\/a>, <a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/category\/s5-articulos\/no-1-2-2013\/\" rel=\"category tag\">N\u00ba 1-2, 2013<\/a><\/span><\/li>\n<li class=\"fix\"><span class=\"tags tax\"><span class=\"icon\">&nbsp;<\/span>Tagged with: <a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/tag\/hector-martinez-sanz\/\" rel=\"tag\">H\u00e9ctor Mart\u00ednez sanz<\/a>, <a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\/tag\/tudor-serbanescu\/\" rel=\"tag\">tudor serbanescu<\/a><\/span><\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<\/div>\n<footer class=\"post-footer postdata fix\"><\/footer>\n<section id=\"comments\"><\/section>\n<\/article>\n<nav class=\"post-nav fix\">\n<table>\n<tr>\n<td class=\"previous\"><a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\" rel=\"prev\"><span class=\"icon\">&nbsp;<\/span> RAMI MEIRI, REDENTOR DE FACHADAS<\/a><\/td>\n<td class=\"next\"><a href=\"https:\/\/niramart.com\/revista-magazine\" rel=\"next\"><span class=\"icon\">&nbsp;<\/span> BOT\u00c1NyCA o una cierta floraci\u00f3n de plasticidades<\/a><\/td>\n<\/tr>\n<\/table>\n<\/nav>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false,"raw":""},"excerpt":{"rendered":"<p>Retrat\u00edstica de Tudor Apr 072013 &nbsp;&nbsp; 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